Estas situaciones se dan en las paradas de las plantas, es decir, cuando su actividad se ve interrumpida (ya sea para hacer el mantenimiento -parada programada- o por cualquier incidencia) o bien cuando hay un aumento de la presión en las líneas o en los depósitos.
Los gases se transportan del lugar donde se ha detectado este riesgo hasta la antorcha a través de un sistema de cañerías con lo cual éstos no entran nunca en contacto con el exterior.
Pero las antorchas no queman sólo cuando se producen estas dos situaciones. Siempre hay combustible quemando, aunque no se perciba, ya que, por defecto, el mismo sistema de funcionamiento de las plantas petroquímicas hace que se mantenga constantemente una cantidad mínima de gases.
Las emisiones de CO2 y de vapor de agua de las antorchas están sometidas a controles muy estrictos. La obligatoriedad de estas instalaciones se establece en el Reglamento de Instalaciones Petrolíferas aprobado en 1995 por el Ministerio de Industria.